2007/06/14

Detrás de la Noticia Ricardo Rocha 14 de junio de 2007


Soldados descompuestos

Tal vez mi fraterno Arturo Pérez-Reverte y otros corresponsales que vivimos la revolución sandinista en Nicaragua coincidan conmigo: nada era más peligroso que encarar a los soldados de Somoza. Ni verse de pronto en medio de un fuego cruzado en Managua, ni los bombardeos aéreos de los tramposos pull-push -que disparaban por delante y por detrás- en Masaya o León. Nada hacía sudar el espinazo como encontrarse con algún piquete de soldados. Eran impredecibles: igual te escupían a los pies que te dejaban pasar como si nada. Sus rostros hieráticos e impenetrables -a veces cubiertos por gafas oscuras- no expresaban nada, absolutamente nada. Por eso infundían tanto miedo. Por eso y por el dedo nervioso de siempre sobre el gatillo ultrasensible. Sabías que te podían matar en cualquier momento. Como le pasó a Bill Stewart, a quien de nada le valió su experiencia: el soldado aquel le ordena que se hinque y Bill se hinca; luego que se tire bocabajo y lo hace; después parece que se va pero a los dos pasos regresa y nada más porque le da la gana dispara su rifle tan a quemarropa que el cuerpo de Bill brinca desde el suelo. Nunca olvidaré la llegada de su cuerpo al hotel Intercontinental, primero reducto de periodistas y luego refugio de funcionarios y oficiales somocistas con sus familias. Ahí pude hablar alguna vez con un coronel al que le pregunté -supongo que estúpidamente- sobre la ferocidad de sus soldados. Es muy sencillo "descomponerlos", me dijo: "Por la noche se les interrumpe el sueño tres o cuatro veces con falsas alarmas y se les lleva a lugares donde no hay nada; igual se les saca de los cuarteles a media comida y luego han de pasar muchas horas de ayuno, eso y algunas otras cositas estimulantes los ponen furiosos y a punto para enfrentar al enemigo".

Por eso sé que nuestros soldados están descompuestos. Por eso violan mujeres. Por eso golpean y matan gente. Por eso muchos están furiosos y nerviosos. De otra manera no se explica la masacre de Sinaloa. Nada de retén, fue una emboscada. Apenas una lámpara en la noche y algún dedo oprimió el gatillo y luego siguieron todos los demás.

Fue inútil que Adán Esparza, de 29 años, saliera de la pick-up para gritarles que sólo llevaba mujeres y niños. Los militares siguieron disparando sus M-16 hasta que se hartaron. Luego la infamia y las mentiras: "Un niño fue el primero que abrió fuego", dijeron a vecinos y familiares que acudieron en auxilio de las víctimas; más tarde el propio Ejército retrasando el viaje al hospital de Culiacán con revisiones criminales en Los Alamillos, El Tigrito, Surutato y los Tepehuajes mientras los heridos se desangraban.

"Está claro que lo que querían era que se murieran todos para que no hubiera testigos", me dice Jesús Aceves, primo de Adán. Y casi lo logran: muertos por la tropa quedaron la esposa de Adán, Griselda, de 25 años, y sus hijos Edwin de siete, Grisel de cinco y Juana de dos, y hasta su hermana Alicia, una joven maestra rural. A Adán le destrozaron a balazos los dos brazos. Los mismos que alzó en son de paz para tratar de impedir que masacraran a su familia.

Ahora, la Sedena dice que los tres oficiales y 16 de tropa que perpetraron el crimen múltiple no cometieron homicidio. Serán acusados de "violencia contra las personas" y podrían salir libres hasta en dos años. El Ejército será juez y parte, a pesar de los reclamos porque sus soldados sean juzgados por un tribunal civil en tanto se trata de una matanza de civiles. Pero hasta ahora el gobierno federal no ha levantado siquiera un dedo. Ni una averiguación previa por parte de la PGR. Menos aún una investigación sobre los testimonios que afirman que esos mismos soldados fueron vistos encervezados días antes y que en el lugar de la emboscada había varias jeringas, según me dice el primo Jesús. Nada, la impunidad total para los miles que andan sueltos y descompuestos por todo el país con el pretexto del narcotráfico.

Olvidaba decir que la muerte de Bill sirvió para que el gobierno de Carter se viera obligado a deslindarse de Somoza y su ejército, precipitando la caída del dictador. Aquí, es probable que a los soldados no se les moleste ni con el pétalo de un pésame al sobreviviente de la masacre.

ddn_rocha@hotmail.com

Detrás de la Noticia Ricardo Rocha 07 de junio de 2007


El ´ombudspan´

La voz popular comienza a llamarlo así. Y es una lástima, porque pocas veces un personaje de la vida pública se ha desmoronado tan estrepitosamente. Resulta difícil creer cómo alguien que al inicio de su labor hace ocho años inspiró tanto respeto ahora genere burla y rechazo.

Yo, como muchos, creí en José Luis Soberanes y en sus capacidades sobre todo después de un intenso trabajo académico a cargo del Instituto de Investigaciones Jurídicas de nuestra UNAM. Pero ha sido asombroso cómo al paso de los años -quizá ya demasiados- al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos su imagen se ha venido deteriorando, primero paulatinamente y luego a pasos agigantados en los meses recientes. Lo que en un principio fue indiscutible pasó a ser cuestionable y terminó execrable. Para nadie es ya un secreto que los casos de Ernestina Ascensio en Zongolica y el recurso de acción de inconstitucionalidad de la despenalización del aborto ante la Suprema Corte han terminado de desenmascarar a quien se suponía comprometido con las mejores causas de los hombres y mujeres de este país.

En el caso de doña Ernestina, bastó un comentario del presidente Felipe Calderón, "Murió por gastritis no atendida", para que Soberanes arremetiera furioso contra los primeros peritajes de la Procuraduría veracruzana -que evidenciaban violación y golpiza como causas de muerte- y se convirtiera en mastiniano defensor del Ejército, como si en ello se le fuera la vida. Y es precisamente su actitud la que agravia y ofende. Es un entreguismo que no ha podido disimular. Por eso se ha expuesto al ridículo de las explicaciones forzadas y por tanto increíbles sobre un caso que evidentemente se manipuló políticamente para exculpar al Ejército que es hoy por hoy el aliado estratégico e indispensable del Presidente. Así que no hay duda de que Soberanes prestó al gobierno panista en turno un servicio inestimable.

Tratándose del aborto, Soberanes actuó de modo idéntico. Bastó con que en abril el Presidente dijera que la legislación es "en este momento adecuada" y que su esposa advirtiera que "el despenalizar el aborto es contrario a principios humanos y democráticos" para que don José Luis se alineara y pusiera a trabajar a sus abogados de la CNDH y ahora en mayo presentara su recurso ante la Corte. Aquí tampoco hubo el menor recato. La simultaneidad con la PGR por supuesto que no fue casual, sino una acción concertada para fortalecer el trámite. Así que también en este caso el servicio a los panistas en el poder es invaluable. Pero sí pagable. Por ejemplo con un ministerio en la Suprema Corte que pronto podría ofrecer esa vacante. Si así es, no tardará mucho en evidenciarse la maniobra. Y sería imperdonable, porque Soberanes obtendría un premio por haber debilitado como nunca una institución que tanto nos tocó forjar a todos los mexicanos.

Y es que, por desgracia, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos atraviesa por su peor momento en su historia. Nunca como ahora se encuentra tan disminuida su fuerza moral y jamás como hoy se ha diluido tanto su requisito fundamental: la credibilidad. Y nadie puede negar que cada vez menos confían en una CNDH que en manos de Soberanes ha desvirtuado su condición esencial de defensora de los más débiles, para convertirse en una aliada del poder temporal. Es decir, la productividad política por encima de los principios. El desprestigio ha sido brutal y el daño considerable. Irrita además la grosera ansiedad por la obsecuencia.

Por eso debiera irse. Pero no lo hará. Sobre todo si sus ambiciones se siguen evidenciando. No quebrará las máximas de Séneca de que el poder corrompe siempre y que no hay quien resista tres años su ejercicio. Lástima, porque Soberanes ha renunciado a la trascendencia y se queda con la temporalidad.

Lo malo es el daño que infligió a una institución que debió haber engrandecido. Cierto, las instituciones son más que los hombres. Así que el perjuicio es reversible. Pero hay algo, sí, extraordinariamente valioso y por ello irrecuperable: el tiempo. Y es lo que Soberanes nos ha quitado a todos en el viejo anhelo de que en este país se haga justicia.

Y eso es lo que la historia no le va a perdonar.

ddn_rocha@hotmail.com

Detrás de la Noticia... Ricardo Rocha... 31 de mayo de 2007


Legalicemos las drogas

Como en todo crimen, primero hay que averiguar quién es el beneficiario, luego hay que seguir la ruta del dinero. En el caso del narcotráfico sólo los ciegos por interés se niegan a ver que son las grandes mafias del crimen organizado quienes se enriquecen escandalosamente con los dineros de las drogas ilegales: las que producen en Colombia, Bolivia o Perú, las que transportan -a través de México- a Estados Unidos y quienes en ese territorio distribuyen al menudeo. En este punto, la gran hipocresía ha sido culpar a productores y abastecedores latinos y hacerse de la vista gorda adentro de las fronteras. Ahí la distribución es una red gigantesca en la que necesariamente están involucrados jueces, policías y altos funcionarios públicos, muchos de ellos gringos prototípicos rubicundos aunque Hollywood nos haya vendido muy bien a Caracortada .

El caso es que para unos y otros la droga es el gran negocio: cuentas elementales lo estiman en 500 mil millones de dólares al año; 350 mil en el consumo estadounidense; 100 mil para los productores y 50 mil millones de dólares para los cárteles mexicanos. Es mucho dinero. Para matar por él, corromperse por él y traicionar por él, hasta los principios.

Por eso la guerra del narco es una guerra perdida. Porque el poder corruptor del dinero sucio es gigantesco y está en todas partes. Sobre todo, claro, en las áreas más sensibles y estratégicas que se supone debían combatir al narcotráfico. También por eso en México hay un "cártel del gobierno". Donde están metidos altos funcionarios públicos del gobierno federal, legisladores federales y locales, mandos medios y altos del Ejército, agentes judiciales de todos los niveles, gobernadores, presidentes municipales, empresarios y destacamentos enteros de policías y soldados. Este cártel está necesariamente comunicado entre sí y opera para atacar o favorecer a los otros cárteles según sean las toneladas de dinero en un escenario que se reacomoda continuamente en función de los mercados y zonas de influencia de cada grupo.

Así que el combate al crimen organizado no es un asunto de valor y patriotismo como se ha querido hacer ver desde el gobierno federal. Aquí han de operar las neuronas y no las gónadas. En todo caso se requerirá mucho más coraje para quitarles el negocio a todos los que se enriquecen desmesuradamente con todo y sus secuelas de sangre y su reguero de muertos por todo el país.

Es hora ya de que nos dejemos de hipocresías y reconozcamos que hay la imperiosa necesidad de, por lo menos, abrir un gran debate nacional sobre la legalización de las drogas: hay que reconocer que es la prohibición oficial la que provoca un clandestinaje tan explosivo como productivo; está probado que la legalización no incrementa el consumo; los adictos no fuman más o beben más porque pueden comprar cigarros y alcohol en la tienda de la esquina, sino por razones conductuales, abatimiento de las expectativas de vida o decaimiento de la moral pública; es absolutamente injusto que a fumadores y alcohólicos se les tolere y considere enfermos -que lo son- mientras se encarcela a un consumidor de cocaína o mariguana; hay que frenar el notorio deterioro de las instituciones actualmente corroídas por el narcotráfico.

Por supuesto que hay grandes resistencias a la posibilidad de una legalización que no tiene por qué ser indiscriminada, sino decidida e inteligente. Desde campañas mentirosas hasta presiones y amenazas abiertas y encubiertas a congresos y gobiernos.

Pero hay que intentarlo. A partir del reconocimiento de que la actual estrategia no funciona. Puede servir para un posicionamiento mediático o para hacer política con los opuestos, pero no para arrancar de raíz un mal endémico.

Además, los tiempos vienen difíciles: un raquítico e insuficiente crecimiento económico, un desempleo galopante y una estabilidad social siempre en el filo de la navaja. Por último, el gobierno no puede ser rehén risueño y seudoheroico en una batalla perdida. Hay tareas verdaderamente trascendentes e impostergables: una gran revolución educativa, una reconversión tecnológica en aras de la competitividad global y una reforma del Estado integral, entre otras.

Para eso se requiere de una gran valentía.

ddn_rocha@hotmail.com

1ER. ANIVERSARIO DE LA APPO

Como es mínomo lo que la prensa le dedica al 1er. aniversario de la APPO, ya que solo Milénio, Excelsior y tal vez alguno otro mencionan a la APPO en primera plana, nos fusilamos del BLOG Revoluciones el siguiente artículo.

EL DESALOJO DE MAESTROS DE OAXACA Y LA FUNDACIÓN DE LA APPO

4 de junio de 2006: a un año del desalojo

Pedro Echeverría V.

1. No pensábamos que el gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, acudiera a la brutal represión desalojando a los miles de maestros, muchos con sus familias, que dormían resguardados bajo techos de plástico, sábanas y cobertores aquel 14 de junio de 2006. Desde las tres de la mañana alrededor de mil policías, seguramente muchos eran soldados disfrazados, comenzaron a irrumpir en los campamentos de plástico que cubrían más de 60 calles del centro histórico de la ciudad de Oaxaca. Con insultos, golpes de palos, sirenas y gases lacrimógenos, sorprendieron a varios miles de profesores que dormían en aceras y piso, después de más de un mes de plantón y actividades diarias. Yo había pasado la noche en el dispensario médico de la Casa/hotel del Maestro después de una larga reunión entre colegas hablando de la futura APPO. Fue hasta las seis de la mañana cuando me enteré de la represión y me trasladé al centro histórico para presenciar la batalla por la recuperación del Zócalo y la Alameda.

2. Viajé a Oaxaca una semana antes del desalojo en mi calidad de articulista y miembro de ...
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